
Hoy, nuevamente, la Fiscalía Ambiental intervino los humedales de Guañape, en el distrito de Puerto Morín, como parte de una diligencia por presuntos daños ecológicos vinculados al Proyecto Virú Mar.
Durante la inspección, se constató la presencia de maquinaria pesada removiendo el terreno en zonas de protección natural. Según denunció la ex consejera Mirtha Higa, los trabajadores, contratados por la empresa Valle Alto, habrían drenado y alterado ecosistemas que son esenciales para la biodiversidad de la costa liberteña.
La maquinaria fue incautada, y las autoridades recogieron muestras del terreno para determinar la magnitud del daño.
No es la Primera vez que Ocurre
Hace apenas unas semanas, otra intervención fiscal reveló el mismo patrón: excavaciones, cercos de arena y drenaje de los humedales, pese a que se trata de áreas ecológicamente sensibles y legalmente protegidas.
Los pobladores lo saben: donde antes había aves, totorales y espejos de agua, hoy solo queda tierra removida y un silencio seco.

Cómo se Recuerda: El Proyecto Virú Mar no nació Limpio
Sus antecedentes son tan turbios como el lodo que hoy cubre los humedales. En el 2014, más de 415 hectáreas fueron vendidas a un consorcio privado a menos de veinte céntimos el metro cuadrado, un precio que ofende al sentido común y al interés público.
Ese negocio fue firmado bajo la gestión del entonces gobernador Luis Valdez Farías, y desde entonces se arrastran denuncias por tasaciones desactualizadas, procesos arbitrales perdidos por el Gobierno Regional y un silencio institucional que huele a complicidad.
Todo bajo el argumento de impulsar el “desarrollo inmobiliario y turístico”.
Pero ¿qué clase de desarrollo destruye la base misma de la vida? ¿Cómo puede hablarse de progreso si el precio es la desaparición de los últimos humedales de la provincia de Virú?
Los humedales de Guañape no son un obstáculo para el progreso: son su condición. Son filtros naturales que purifican el agua, regulan el clima y dan refugio a especies únicas.
Destruirlos es borrar siglos de equilibrio ecológico y dejar a las futuras generaciones una tierra más árida, más frágil, más muerta.
Hoy la Fiscalía cumple con intervenir. Pero el verdadero juicio no está en los tribunales, sino en la conciencia de quienes gobiernan y de quienes callan.
¿Hasta cuándo seguiremos permitiendo que el “desarrollo” sea sinónimo de saqueo? ¿Cuántas hectáreas más debemos perder para entender que la naturaleza no se vende, se defiende?
Puerto Morín no necesita más promesas vacías ni proyectos disfrazados de modernidad. Necesita justicia ambiental, transparencia y respeto por su gente y su tierra.
Porque si los humedales mueren, morirá con ellos una parte del alma de La Libertad. Y no habrá dinero, arbitraje ni consorcio que pueda devolverla.
Redacción: Radio Ollantay





